Pensamientos del año que pasó

Ya se acabaron las fiestas, muchos regalos en navidad, tanto regalos entregados como regalos recibidos. Ya llegó un nuevo año repleto de abrazos con sentimientos y algunos abrazos de cortesía. Ya acabo la buena mesa, las papas duquesas, exquisitas ensaladas y una gran cantidad de litros de alcohol ingeridos, tal vez cerveza sin alcohol y sólo gaseosas si eres abstemio. Pero, ¿qué nos queda ahora?, ¿la alegría de los regalos acertados?, ¿la tristeza de los pésimos regalos, que demostraron que no tenían idea de tus gustos?, o ¿la nostalgia de un año, que pudiendo ser bueno o malo, ya no está?, ¿qué nos queda? Tal vez la respuesta es unos kilitos extra para quemar antes de una visita a la playa, definitivamente rastros de resacas obligadamente necesarias. No lo sé, a algunos les quedan buenos momentos, a otros le quedan postales que nunca volverán a olvidar, cómo sea. Lo que evidentemente no nos puede faltar, tanto por un aspecto racional y esencial, es nuestro yo interno, ese que vivió todos esos momento de fin de año y que, gracias a la divinidad a la que se le reza, sobrevivimos. Nos queda un nosotros mismos que puede cambiar ese mal gustito de los malos regalos, nuestras piernas y nuestra voluntad que puede decir, hey! Aún existe esperanza! Porque créanme, siempre queda un poco de esperanza post fiestas de fin de año. Yo por ejemplo, así lo viví, tomé mis audífonos y mis lentes de sol, y como si eso no fuera suficiente apatía, me dirigí a un centro comercial sin animo me intercambiar una sola palabra con alguien. Busqué ofertas, pero no cualquier clase de ofertas, las ofertas de videojuegos, compré el último juego lanzado de terror y volví a mí casa, porque existe esperanza en medio del rescoldo.images-2